jueves, 30 de septiembre de 2010

PECADORES

Llegó tarde. Los demás esperaban. Llovía, caía un manantial refrescante, de a poco, constante, seductor, tanto como la tarde cuando atraparon en la huida a la lumbrera mayor y alardearon como chiquillos por el arribo de la menor. Pero no sólo ellos esperaban, esperaban todos, una masa aglutinada, resguardo cobarde, ofensa a Tláloc, pecadores, todos pecadores. Y así, pecadores, partieron cuando llegó, pecadores queriendo pecar, buscando pecar, pecando por querer y buscar pecar. Pecadores al fin.

Juntos ya, todos ellos, no todos, no la masa, sólo ellos todos, se desplazaron. Con destino incierto, porque se sabe que imposible es saber lo que al paso se encontrará, lo que las manecillas esconden. Llegaron juntos todos ellos.

Entraron por la más estrecha de las tres al lugar del pecado. Trámite. Manoseo premeditado y alevoso a los y discreta revisión a las; antes de que tal distinción perdiera su sentido toda vez que cuando dentro se hallaran la gratitud sería por su preferencia sexual; detrás de la línea que demarcaba la frontera entre el bien y el mal, entre la salvación y la condena. Entraron todos ellos juntos. Luces neón, verdes chillantes, rosas pastel, lilas sensuales, rojos pasionales y asesinos carmesí, amarillos chirriantes y sinvergüenzas escandalizadores, negros y blancos reducidos a las sombras de los silencios cobijados por el murmullo del sonido estridente. Estrecho el lugar, estrecha su entrada y su salida también, camuflada con la que sirve en casos de emergencia, no había tal, ambas un engaño, una ilusión, la primera bien funcionaba como las tres, la segunda también y la tercera, cerrada por si acaso. En los muros, fotografías grandes, amplias, largas, algunas otras pequeñas, pero todas ellas indecentes, inmorales, pecadoras e irreverentes, como ellos. Al fondo el servicio del tocador que por razones desconocidas resguardaba aquella distinción para los y las y sólo ahí, porque una vez dentro la atmósfera se llenaba de un solo todo, ahora de nuevo eran un todo, un conjunto, con pequeños detalles que distinguían aristas, ángulos, niveles de acidez, temperaturas, dentro nada distinguía entre la piel y el deseo, guardados o no, estaban ahí. A la derecha mesas, algunas altas, otras bajas, grises brillantes con un filo de rojo que incitaba a pecar, que recordaba que rojo es el color del amor, de la pasión, del pecado, de la sangre y la guerra, guerra en la que todos ahí se debatían por ganar. Victoria una sola. Adentro todos queriendo ser iguales, rasguñando el aire y la piel para anunciar que no sólo las son sensuales, que no sólo las pueden bailar y provocar a cualquiera, los y las la misma cosa, pactando, sudando, jadeando de placer por creer haber ganado la guerra ahí, donde nada vale haber ganado. Afuera aún hay dos otros dominantes que pugnan por su dominio genérico, de género sí. Porque a los géneros la creación de la divinidad, raciocinio y lógica humana dicta que así debe ser y aunque por siniestra que sea la batalla, aunque en el camino se pierda o se gane, quien manda es uno sólo que no tiene nada que ver con el uno mismo del todo aquello que todos ellos ahí dentro representan. Poder y dominio, ganan aquí o allá. Y allá, del otro lado de la frontera el poder se ejerce con prejuicios, discriminaciones que menos lejos están que antes de caer. Por que caerán, y entonces, cuando caigan, renacerán, para juzgar a quienes juzgaban primero. Ya lo decía mi padre celestial, los últimos serán los primeros.


 

(Ejercicio de Relato en construcción…)

5 comentarios:

  1. El pecado será la virtud del futuro...así, un camino con líneas rectas que seguir y sin tantos laberintos.

    Un abrazo...

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  2. Ahora sí me dejó. Coño, ahora tengo que repetirlo todo. Qué manía con escribir las letritas ilegibles.
    Muy bien redactado, como te decía. Me quedé con las ganas de visualizar mejor a los pescadores sedientos. A mí siempre me gustó el mar :)
    Saludos,
    Romek

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  3. Romek, seguidor de mi querido Gato Pardo, desde luego le recuerdo... Pero que honor que hayas llegado hasta acá, le advierto que nada cercano a la belleza de las letras de aquél, encontrará por aquí... Ese hombre es un artista

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