jueves, 30 de septiembre de 2010

Lola


Lola, abreviación feliz y amable del nombre que aborrece, el completo, el de lista, el que le hace pensar en su no muy lejano futuro y su muy cercano presente, el que le hace verse reflejada en cada señora gorda, de tex blanca, con mejillas asquerosa y vulgarmente rosadas cuando piensa en eso que la gente se empeña en llamar porvenir, el que paradójicamente le recuerda la hermosura descomunal de su niñez, de su adolescencia y su incongruencia con el nombre bárbaro aquel, el que le hace llorar cada que se mira al espejo, Lourdes. Vive en el mundo real que ha construido para sí donde no es ésta, si no aquella, también en el irreal, en el que por razones desconocidas fue arrojada por imposición, sin previo aviso, consulta o posibilidad de elección alguna, aquel consensualmente definido real aún cuando poca certeza se tenga de ello, que sólo lo es en la medida en que así se ha decidió creer que es. Lola es una, es muchas y muchos, tantas y tantos que perdida está entre sus múltiples y diversos yos.

 

 
(Ejercicio de DESCRIPCIÓN en constricción...)

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