viernes, 18 de marzo de 2011

¿En qué momento dejaste de ser su padre?

¿Es que acaso alguna vez lo fuiste?

¿En qué momento encontraste en aquel ser, la felicidad que en aquel otro no encontraste?

¿En qué momento sus primeros pasos se reflejaron en la pantalla del televisor desde donde te perdías la cadencia de su naciente caminar?

¿En qué momento se te olvida pedir escuchar su voz al teléfono, cuando tus ocupaciones y sinergias externas te privan de esa necesidad?

¿He sido yo quien te ha arrebatado la paternidad?

¿He sido yo quien nunca en tus manos se permitió dejarla?

¿En qué momento dejamos la amiga, la madre y la hija de ser para ti?

¿En qué momento les privé a ustedes de la oportunidad de tener una utópica e inalcanzable familiar feliz?

¿En qué momento les privé de la oportunidad de darse cuenta de que tal es una mera ilusión, una idea creada, inútil e inalcanzable cuando uno de los participantes no cree que esta pueda ser real, porque jamás le creería tal?

¿En qué momento creímos que los ideales resistirían el reto de la paternidad?

¿En qué momento creímos que ésta resistiría al sistema y nos daría las armas para contrarrestarle?


 


 


 


 


 

viernes, 4 de marzo de 2011

Noche fresca, solitaria. Paseo cómodo. Pies descalzos. Bóxer negro, corto, nylon. Torso descubierto, libre, a gusto; a gusto con la geografía que mira y siente; a gusto con la perfecta sintonía de (a) simetrías; a gusto con las líneas gruesas y finas, con las texturas, con las veredas, con los montes, con los valles, los pozos, las fuentes, las lagunas; a gusto con la cadencia y el ritmo imperfecto de una piel inquieta. El deseo por refrescar el cauce donde la voz nace, le levanta del lecho, le arroja ante el espejo. Escapan primero los pies traviesos, que soberbios retan el filo del suelo. Luego el resto, sin si quiera pensarlo atraviesan la imagen, el reflejo…

jueves, 3 de febrero de 2011

*

Desea con todas sus fuerzas gritarle. Que se quede, que no se marche, que se quede a su lado, que caminen siempre juntos, que le lleve consigo. No puede hacerlo, en la búsqueda de sí mismo, tan incesante y necesaria, el otro ha rogado que no lo haga. No puede insistir más. Pero es insoportable, mirar sus ojos y encontrar la nostalgia de la despedida que aún no llega. Importan poco los sinsabores cuando la distancia se aproxima, cuando los kilómetros amenazan con sumarse y advierten la ausencia total de su piel. Es insoportable, un dolor insostenible. ¿Cómo vivirlo? No lo sabe. ¿Qué hace un pequeñito cuando siente próximo el agridulce sabor del limón que provoca escozor en la herida de la lengua acuchillada por la mordida del lobo feroz? ¿Cómo sostenerse de pie, cuando no sólo las extremidades se tambalean, cuando el ser mismo es una catástrofe natural, cuando todo se desquebraja hasta dejarles pendiendo de la nada?

La Nada. Debería ser ella su respuesta. Porque la Nada, dice la bestia más bella, aquella que libre siempre ansía la mar, Es. Es la vida, Es, precisamente, las ganas de ser, de no solo ser, también de ser consigo, con el otro, con el todo. Ser el todo con el otro. Ser. Quiere ser el todo consigo y con el otro. No puede, su solicitud no fue aceptada. ¿Cómo dejar de crecer el mar, cómo contener la intempestiva fuerza de sus olas, como parar al cuentagotas?

El sendero se ilumina… Doce cuentos. Paredes. Un techo. Los sueños...

La hora ha llegado.


 

jueves, 30 de septiembre de 2010

PECADORES

Llegó tarde. Los demás esperaban. Llovía, caía un manantial refrescante, de a poco, constante, seductor, tanto como la tarde cuando atraparon en la huida a la lumbrera mayor y alardearon como chiquillos por el arribo de la menor. Pero no sólo ellos esperaban, esperaban todos, una masa aglutinada, resguardo cobarde, ofensa a Tláloc, pecadores, todos pecadores. Y así, pecadores, partieron cuando llegó, pecadores queriendo pecar, buscando pecar, pecando por querer y buscar pecar. Pecadores al fin.

Juntos ya, todos ellos, no todos, no la masa, sólo ellos todos, se desplazaron. Con destino incierto, porque se sabe que imposible es saber lo que al paso se encontrará, lo que las manecillas esconden. Llegaron juntos todos ellos.

Entraron por la más estrecha de las tres al lugar del pecado. Trámite. Manoseo premeditado y alevoso a los y discreta revisión a las; antes de que tal distinción perdiera su sentido toda vez que cuando dentro se hallaran la gratitud sería por su preferencia sexual; detrás de la línea que demarcaba la frontera entre el bien y el mal, entre la salvación y la condena. Entraron todos ellos juntos. Luces neón, verdes chillantes, rosas pastel, lilas sensuales, rojos pasionales y asesinos carmesí, amarillos chirriantes y sinvergüenzas escandalizadores, negros y blancos reducidos a las sombras de los silencios cobijados por el murmullo del sonido estridente. Estrecho el lugar, estrecha su entrada y su salida también, camuflada con la que sirve en casos de emergencia, no había tal, ambas un engaño, una ilusión, la primera bien funcionaba como las tres, la segunda también y la tercera, cerrada por si acaso. En los muros, fotografías grandes, amplias, largas, algunas otras pequeñas, pero todas ellas indecentes, inmorales, pecadoras e irreverentes, como ellos. Al fondo el servicio del tocador que por razones desconocidas resguardaba aquella distinción para los y las y sólo ahí, porque una vez dentro la atmósfera se llenaba de un solo todo, ahora de nuevo eran un todo, un conjunto, con pequeños detalles que distinguían aristas, ángulos, niveles de acidez, temperaturas, dentro nada distinguía entre la piel y el deseo, guardados o no, estaban ahí. A la derecha mesas, algunas altas, otras bajas, grises brillantes con un filo de rojo que incitaba a pecar, que recordaba que rojo es el color del amor, de la pasión, del pecado, de la sangre y la guerra, guerra en la que todos ahí se debatían por ganar. Victoria una sola. Adentro todos queriendo ser iguales, rasguñando el aire y la piel para anunciar que no sólo las son sensuales, que no sólo las pueden bailar y provocar a cualquiera, los y las la misma cosa, pactando, sudando, jadeando de placer por creer haber ganado la guerra ahí, donde nada vale haber ganado. Afuera aún hay dos otros dominantes que pugnan por su dominio genérico, de género sí. Porque a los géneros la creación de la divinidad, raciocinio y lógica humana dicta que así debe ser y aunque por siniestra que sea la batalla, aunque en el camino se pierda o se gane, quien manda es uno sólo que no tiene nada que ver con el uno mismo del todo aquello que todos ellos ahí dentro representan. Poder y dominio, ganan aquí o allá. Y allá, del otro lado de la frontera el poder se ejerce con prejuicios, discriminaciones que menos lejos están que antes de caer. Por que caerán, y entonces, cuando caigan, renacerán, para juzgar a quienes juzgaban primero. Ya lo decía mi padre celestial, los últimos serán los primeros.


 

(Ejercicio de Relato en construcción…)

Lola


Lola, abreviación feliz y amable del nombre que aborrece, el completo, el de lista, el que le hace pensar en su no muy lejano futuro y su muy cercano presente, el que le hace verse reflejada en cada señora gorda, de tex blanca, con mejillas asquerosa y vulgarmente rosadas cuando piensa en eso que la gente se empeña en llamar porvenir, el que paradójicamente le recuerda la hermosura descomunal de su niñez, de su adolescencia y su incongruencia con el nombre bárbaro aquel, el que le hace llorar cada que se mira al espejo, Lourdes. Vive en el mundo real que ha construido para sí donde no es ésta, si no aquella, también en el irreal, en el que por razones desconocidas fue arrojada por imposición, sin previo aviso, consulta o posibilidad de elección alguna, aquel consensualmente definido real aún cuando poca certeza se tenga de ello, que sólo lo es en la medida en que así se ha decidió creer que es. Lola es una, es muchas y muchos, tantas y tantos que perdida está entre sus múltiples y diversos yos.

 

 
(Ejercicio de DESCRIPCIÓN en constricción...)

lunes, 27 de septiembre de 2010

FLOTANDO


¿Qué hacer en caso de emergencia?
¿Qué es una emergencia?
¿Un derrumbe, una explosión, una implosión, una inundación, un terremoto, un maremoto?
Aquella noche, todas ellas y otras incontables fueron su emergencia. De inicio no hayo de dónde o a qué asirse, de pronto pareció no encontrar nada debajo de sí, ni debajo ni arriba ni a los lados, ni dentro ni fuera, en ninguna parte. Vacío fue lo que encontró, un vacío vacilante, coqueto, trepidante y oscilatorio. Todos los males en un instante, vertidos en aquel hueco peor que el del hambre. El vacío, vacío de sí mismo. La nada consigo misma.
El derrumbe de ilusiones, sueños, pesadillas y pequeños muros construidos con el sudor de su orgullo a lo largo del tiempo, la explosión de todo ahí habido, implosión de lágrimas vertidas, volcadas cual maremoto y su fuerza, inundación inminente de los rincones, callejones, avenidas y todo cuanto le construía. Todo cayó, con la fragilidad con la que una hoja cae ante el tórrido romance del sol con la tierra en el otoño. Eso es todo, no más que un romance, mal habido, mal nacido, una utopía demasiado palpable al usufructo de los amantes.
Y así sin más que sí misma, la nada, reparó en que nada podía haber perdido cuando nada tenía, cuado de hecho la nada, nada era. lo que creía tener la nada cuando creía que era, era no más que una mera broma de los días, que le engañan, le empañan, le mienten, le sonsacan, le incitan a pecar con la tinta de la fe. Qué pecado más atroz que el de la fe, ciega, inútil, usurera pero hábil y capaz como ella sola. ¡Sola! Porque acompañada la fe no sabe estar. Tonta y estúpida fe.
La emergencia, se largó, cuando el sol cayó y calló.

viernes, 24 de septiembre de 2010

Moriré.

Nada marcha bien. He dormido muy poco, eso le resta vitalidad y frescura a mis días, sobre todo cuando el desvelo de la noche anterior me retrasa hasta en el baño y salgo corriendo a iniciar la jornada, o a continuarla cuando es el caso. Todo apesta, incluso yo, incluso tú y todo alrededor, hace falta un poco de baño y agua tibia para suavizar los simulacros sinceros y confesionales.

He pecado de sinceridad, abierto demasiado las compuertas.

Algún día dejaré de ser yo, para ser todo lo que tú esperas.

Ahora veo todo con claridad.

Entiendo por qué lo hizo, por qué se suicido.

Es necesario morir a uno para ser aceptados por aquel que dice amarnos.

Moriré.