lunes, 6 de septiembre de 2010

A mi Sofía adorada.

Bitácora.



México. Lunes 06 de septiembre de 2010.

París más menos, 17 horas avanzadas del martes 07 de Septiembre de 2010).



Onomástico número 29 de la señorita Dalila Alejandra.



Estaba muy dispuesta ya a entregarme por completo a las delicias del sueño reparador, después de comenzar una nueva ronda de desvelos de veintidós horas de vigilia por dos de sueño, no obstante las ventajas de la fuerza de voluntad que le pueden imponer a uno las nuevas tecnologías de las comunicaciones me han hecho saltar de la cama, increíblemente absurdo, pero fue con la idea de cómo puede ser loable una madre que no se esfuerza.



Debo decir que lo que me sacó a puntapiés de entre sábanas fue una súbita nostalgia, un golpe momentáneo que me produjo vértigo, mareo de estar ahí, tendida. Es que suceden tantas cosas ante nuestros ojos cada día y tan difícil es detenerse a ver con detalle, todo sucede tan deprisa, es tan líquido el tiempo.



Cada noche me da un pesar inexplicable no poder ir a dormir al mismo tiempo que mi hija lo hace, mi nena hermosa pregunta cada noche sin falta y sin perder jamás la esperanza ¿mami, vendrás a dormir conmigo hoy?; -Más tarde mi amor, más tarde-; Bueno mami, pero me tapas y me cuentas un cuento. –Sí mi amor- Debo confesar que no siempre lo cumplo, en muchas ocasiones el letargo del cansancio acumulado durante la jornada me amarra con aplomo al banco que acompaña al concierto de mi escritorio sobre el cual descansa el ordenador siempre encendido, dado que no tengo un aparato electrónico cuya función específica sea reproducir música, ¡Tuns está siempre a mi disposición, suavizando con melodías, por demás está decirlo, de lo más versátiles que se le pueda ocurrir al lector. Me veo en muchas ocasiones tristemente contestando desde este sitio, sin saber cómo librarme de esta afán por dar el ancho, por librar mis miedos, superar los retos, cumplir las metas y entre tanto mi pequeña, paciente, espera muchas noches que mami le cuente un cuento y la tape al dormir. He forjado de mi hija una niña independiente y muy capaz. Ella se prepara para ir a dormir, tras la indicación -es hora de dormir, ya sabes lo que tienes que hacer: lávate los dientes, ponte el pijama y a dormir- comienzo el trajín. Busca su pijama, elije de entre las muchas que la abuela le ha dado, la que le apetece usar tal o cual noche, se cambia, se lava los dientes, toma su muñeco de peluche favorito, extiende la cobija se duerme.



Hoy fui tan feliz. A diferencia de los dos primeros semestres en la carrera, éste me ha sorprendido, me doy cuenta de que estoy creciendo. He aprendido muchas cosas, vislumbro otras tantas y lo veo reflejado en el día a día con mi pequeña. He desarrollado un ritmo de trabajo para los asuntos académicos. En fin.



Pese a los múltiples pendientes académicos, acudí a la cita, al ritual de las buenas noches. Tomamos un tiempo para peinarla antes de dormir, leímos un cuento, la tapé, le di muchos besos de las buenas noches y calló como roca. La jornada este ciclo escolar es intensa para ambas.



Nuestro día comienza a las cinco treinta de la mañana, de ser posible, diez minutos antes de la media, minutos que pueden salvar la mañana. De inmediato acudimos al ritual de la ducha, sin margen de error tenemos que estar fueraa las seis horas, para que ella tenga los treinta minutos siguientes, en su ancho y largo total, para vestirse, portar el uniforme, zapatitos y una vistazo frente al espejo. Mi cambio no debe rebasar los cinco minutos, mientras ella se arregla, yo preparo el desayuno. A la media siguiente, ya debe estar tomando el desayuno y el lunch del día debe estar listo en la mochila. Siete horas en punto ya estamos camino al transporte colectivo. Media hora después ella debe estar su escuela, para que en la siguiente yo llegue con tiempo a mi primera clase. Al término de mi jornada, salgo corriendo para recogerla, regresamos a casa. Tiene el deber de cambiarse el uniforme y dejarlo doblado y en orden en su lugar, prepararse para comenzar su tarea, después comer, si el peso de los párpados aún le da lugar, juega un poco, cena y a dormir. Es una niña admirable.



Mi jornada como estudiante va siendo retomada desde la hora en que ella concilia el sueño hasta muy pasada la media noche. Así ha sido desde el ingreso a la universidad, el café es un aliado que no me puede faltar, no podría simplemente mantenerme lúcida a las tres de la madrugada para dormir dos horas y volver a comenzar. No sé cómo es que el día no me da para más. Aún así, martes y jueves la jornada se pone más emocionante. Toma clase de gimnasia en Ciudad Universitaria, así que el tour comienza cuando salgo de facultad corriendo al rumbo de la cineteca nacional para recogerla, regresar corriendo al campus y luego a casa, en caso de los jueves, después de gimnasia aún hay que ir a mi clase de comunicación y cultura de seis a ocho, pobre mi niña, por lo menos este jueves ha terminado molida.



Hoy sentía extremada tranquilidad, disfruto cada momento con mi niña, bailamos después de comer, charlamos de lo que pasa en su escuela, en la mía, salimos a dar una vuelta a la tienda, leemos juntas. La amo, me siento tan afortunada de su existencia, me enriquece el alma, sus sonrisas y carcajadas me hinchan el corazón de felicidad. Es un sentimiento que por más inexplicable e inteligible que pueda ser, sale de mis manos, si alguna vez alguien ha sentido que el corazón revienta de alegría, eso es poco, muy pequeño y lejano del amor entre una madre y su pequeña.



Amo sentirla a mi lado durante la noche, como un bulto, que sigue la marea de sus sueños y se pasea por el terreno de la cama. Desde que nació dormimos juntas y desde entonces, es natural que me propine patadas o manotazos en cualquier parte de mi cuerpo, desde los pies hasta la cara, nada raro es despertar con un pie en mi nariz. ¡Amo despertar y sentirla a mi lado! Amo sus aromas, los buenos y los malos, aunque para mí todo en ella es tan delicioso, la dulzura de su aliento al despertar, el humor de sus amaneceres, su gesto perdido y plácido en el sueño reparador del cual ella sabe que sus huesos se prenden para crecer, ella lo sabe, debe recibir dormida las primeras horas de la noche para que los huesos hagan lo propio. Cielos, amo tanto a esta pequeña que ahora mismo yace con todo su esplendor en nuestro lecho, segura, cómoda, tan hermosa ella.



Me importa muy poco esta noche la opinión que me merezca el lector, sólo aprovecho el espacio, por una parte cumplo y por otra fluyo. Tenía todo un espacio ocupado para otras cosas y al final me ganó el ardid de la maternidad pueril.



Te amo pequeña Sofía. Te amo tanto. Adoro estrecharte entre mis brazos, sentir el peso de tu cuerpo suspendido en ellos cuando te das toda tu al calor de mami. Te amo tanto mi amor. Te amo.

1 comentario:

  1. ...Es tan líquido el tiempo...
    Sí, tan líquido y tan rugoso que entre sus pliegues uno va dejando crecer el vacío de lo que alguna vez quisimos ser.
    Bueno, espero que no sea el caso, es manía la mía, hablar en primera persona del singular, creyendo que se convertirá una vez dicha en el mismo orden, pero dentro del plural.

    Un abrazo...

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