Dolor de muela.
Domingo 19 de septiembre de 2010
Pero qué mierda, no puedo seguir escribiendo, la maldita estructura se me ha metido al culo, no puedo dejar de odiar aquella maldita conversación. Me ha movido el piso, no puedo continuar sin antes… Será después. No aquí, no ahora. Sé que ella no es mía. Cómo tener la convicción de ello, cómo identificar el maldito sistema permeando lo que uno considera el sentimiento más puro que puede llegar a experimentar, transformando a éste en un puto título de propiedad privada. A la mierda con su maldito modelo capitalista de análisis y me vale madre si tal no lo es, no sé qué nombre ponerle a lo que dijeron, a su forma de interpretar la vida, lo que sé, lo único que se me puede ocurrir en este momento es que en efecto, su vida no tiene sentido, no lo encuentran y no me convencen sus argumentos. Cuando vean en sus manos el fruto de su simiente… es más, creo que ni siquiera entonces lo entenderán, lamento que la naturaleza les haya desprovisto de esa posibilidad, podrán decir que la subjetividad como tal ha sido creada, que somos todos iguales (esto no lo escuchaste pues te ausentaste), que no hay diferencia que distinga al individuo del vecino y estos en conjunto de la masa, pero jamás entenderán el vínculo entre la simiente y su alcoba temporal. ¡Jamás! No creo que se necesite vivir un fenómeno para entenderlo, pero de éste, queridos, sí que están muy lejos.
Ella no será mía, pero ustedes jamás sabrán de ese amor. ¡Jamás!
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