Bitácora.
26 de Agosto de 2010
Tengo que traicionarme, porque lo quiero escribir sí tiene que ver con la entrada anterior, pero aquella le restaría importancia a la de hoy. Sé que pretendía guardar rigor y disciplina, pero este es un momento muy importante e intentaré establecer una conexión.
Hacía ya varios días, incluso semanas, que transitaba por senderos lúgubres. ¿Qué sucedía? Mirar el muro de enfrente, las ventanas del edificio, los detalles, las palomas que arriban indefensas e insolentes, puede resultar sumamente provocativo. Sumida en un letargo, absorta ante el soberbio avance impaciente del tiempo. Mirar ha rendido frutos.
Desde el primer ciclo hay ideas que rondan mi cabeza sin descanso, descubrir tantos abismos conceptuales que de apoco van ocupando su lugar, ordenando el caos y dirigiendo el pensamiento, definitivamente no soy la misma persona. Cada lectura abre más y más caminos ¿Qué sería del hombre sin el conocimiento? No llevemos esto a un nivel filosófico-ontológico-hermenéutico.
La llegada a la universidad me ha despojado del velo de la fe inalienable y con ello también he conseguido llenarme de decepciones y desesperanza. ¡Claro! Si uno es capaz de distinguir el negro del blanco la vida le cambia. . .
Continuará …
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