Bitácora
Viernes 26 de Agosto de 2010
Bueno, malo. Mejor, peor. Superior, inferior. Cómo saber, en éste mundo de multiplicidades, lo que corresponde o debe ser circunscrito en tal o cual parte de la dualidad. Es bueno quien no mata, malo el que lo hace. Mejor quien no falla, peor el que lo hace. Superior quien se encuentra por encima del otro, inferior quien está por debajo.
El ser humano cambia, se transforma, se reinventa y se acomoda al poderío de la naturaleza de la cual somos no más que un medio para ella poder pervivir. Somos el medio de la información y no viceversa. El ADN necesita del ser humano para guarecerse de sí misma, de sus inclemencias, de su omnipotencia. La naturaleza es el dios de todas las sociedades. Es el ser magnánimo y vengativo que describe la biblia, es el ser que caprichoso se muestra en apariencia amoroso al producto de su creación. Nos corteja, nos embelesa con su ostentosa esencia, con su forma, nos hace creer que es bella, sólo porque nuestros ojos, mortales ellos, no han logrado ver nada igual en lo que va de su pequeño paso por el globo terráqueo, el universo y todo lo que haya más allá, si es que hay. Tal vez nos engaña la naturaleza, nos hace tener cada día ilusiones ópticas. Qué es la ciencia, el feligrés de la diosa naturaleza, un dogma. Conjunto de explicaciones confirmadas por el aparato sensorial del hombre, confirmaciones que la misma naturaleza le hace creer. Somos su medio. Nos ha hecho creer que nuestra inteligencia no tiene límites, que podemos llegar a donde queramos. Pero sólo es eso. Una creencia. Hagamos números. Sólo eso. Números. Somos una utopía. Un engaño. Una mentira. Y en ella encontramos el amor y la felicidad.
El amor, tan falaz. Pregunta milenaria. Se le ha denominado de muchas formas, ¿tiene caso seguirnos haciendo las mismas preguntas inútiles y ociosas? Arte, belleza, amor, odio. Lo bueno y lo malo.
El ser humano cambia.
¿Es superior aquél que falla y en el camino del error aprende, aprende con dolor, sufrimiento y descalabros?
¿Es inferior quien nunca cae, o cae el peor número de veces, el que todo se le da con facilidad y benevolencia, para el que todo es alegría, amor y felicidad?
No hay tales.
No hay inferiores, ni superiores.
El ser humano es tan diverso y se mueve en el mar de las subjetividades que, por mucho que lo intente, no llegará a una respuesta objetiva. No creo que consiga categorías que describan a la mayoría de sus suscriptores. Cuando llegue a entender la objetividad y consiga vivirla y transmitirla a corruptos, violadores y asesinos, volverá a sí, para cuestionarse de nuevo la validez de aquellos presupuestos.
No hay tal. Somos sólo un medio de la naturaleza y por más que intente el hombre gobernarse a sí mismo, predecirse imposible me parece que es. Titánica tarea. LA historia lo dice todo. Sí, hay patrones de comportamiento, somos muy similares, pero jamás iguales. Somos tan diversos y efímeros que antes de dar el segundo respiro hemos desaparecido.
No hay comentarios:
Publicar un comentario